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TAU. LIBRO DE LA MEMORIA Y LA QUIMERA

 

Autor e ilustrador: Christian T. Arjona

 

Tau, o Libro de la Memoria y la Quimera, es el relato de un solo día de solsticio de invierno en el que caben treinta años; un caleidoscopio literario de íntimos flashbacks, zooms y collages; un nido hecho de frases de mimbre; un heterodoxo itinerario espiritual: una autobiografía veroficticia cuyos motivos principales (la escritura, el amor, los viajes, la espiritualidad…) se insertan dentro de una compleja estructura argumental (poliédrica, polifónica,  arabesca, fotogramática,…).

Y el Libro de Tau es, además de todas estas cosas, una ventana lírica y barroca cuyo fin es abrir sus cristales (lo que hay dentro de su elaborado marco) para mostrar el Afuera: las visiones de diversos paisajes, los aromas que traen las brisas, los sonidos de la lluvia y el viento, la textura de la piel, el sabor de los alimentos terrestres… Desde la escritura, pues, y a través de ella, este libro quiere invitar a recorrer múltiples senderos, a leer y a escribir otro libro, el gran libro de la Vida.

 

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HIPOGRAMAS (próximamente)

Próxima publicación!

Autor: Christian T. Arjona

Fotografías de: Adrián Pelegrín

Hipogramas reúne el conjunto de poemas breves (haikus, greguerías, aforismos, juegos fonéticos, impresiones) de Christian T. Arjona, acompañado de las fotografías artísticas de Adrián Pelegrín. La imagen y la palabra, sin ser una representación de la otra, simbiotizan y se fecundan recíprocamente, ampliando exponencialmente sus respectivos significados e interpretaciones.

 

“En un sentido general, el término hipograma engloba dentro de sí todos aquellos escritos (grama) que son escasos (hipo) de palabras, exentos de palabrería: precisos, sucintos, concentrados. Esto incluiría, los géneros de lo minutísimo, como el haiku, la greguería, el poema imaginista, el aforismo o la metáfora.

Muchas de estas pequeñas criaturas poéticas son el jugoso fruto, concentrado y fértil, de los árboles de la escritura: se desprenden por su propio peso de la rama que les daba vida –un párrafo, una frase, un soneto– y encarnan su quintaesencia. Y en este sentido, por su naturaleza frugal y frutal, ligera y sabrosa, los hipogramas piden lectores frugívoros, admiradores del temblor de lo menudo, amantes de los «mundos sutiles».

Los hipogramas no son aún, ni propiamente, poemas: carecen de la firme esquelatura de los versos, del recio forjado de las estrofas o del claro frontispicio de los títulos. Son más bien como las genas del poema, sus gónadas prietas. Los hipogramas, como decía Ramón Gómez de la Serna de sus greguerías, son «amibas de lo nuevo».

Mónadas líricas, cuantos poéticos, gérmenes de escritura: su composición atómica no les impide estar abiertos a los demás hipogramas y al resto de la flora literaria; resuenan entre sí del mismo modo en que se entretejen las raicillas bajo la tierra.”